Tuesday, February 24, 2015

Análisis antropológico de los interiores de las viviendas

09 DISSENY, COMUNICACIÓ, CULTURA, 1993

Análisis antropológico de los interiores de las viviendas

Este artículo examina los principios teóricos y metodológicos para el análisis de los interiores de las viviendas. Empieza con una crítica de planteamientos repetidos por arquitectos, planificadores y administradores de viviendas. Después propone una interpretación antropológica de los conceptos de límite, transición y código espacial, que se muestran pertinentes para el análisis de las características, tanto espaciales como afectivas, de los interiores de las viviendas. Estos conceptos se utilizan para analizar la transición entre el interior y el exterior de las viviendas (especialmente el papel pragmático y simbólico asignado al vestíbulo); examina las relaciones entre los espacios interiores y las actividades en términos de la estructura del gradiente de intimidad y la interacción entre el espacio y las actividades domésticas; finalmente, se refiere a la situación, significado y uso de los objetos domésticos. Estos análisis demuestran que los ambientes de las casas se parecen a una red de características afectivas y espaciales, inseparables. De esta forma, este estudio diversifica la investigación actual sobre los interiores de las viviendas.
Introducción
 
Una vivienda, y desde luego todo edificio, define delimita un espacio hecho por el hombre. Es importante, por tanto, analizar cómo diversos espacios están separados y unidos. Los arquitectos emplean dos enfoques predominantes para analizar la organización del espacio doméstico. El primero acata el modelo forma-función o el modelo espacio-comportamiento. Estas interpretaciones del diseño y uso de los edificios encarnan un concepto denominado«determinismo arquitectónico», el cual supone una relación unilineal entre el diseño de los edificios y las actividades humanas que albergan. La práctica actual con relación a la vivienda ha hecho uso de este concepto en muchas ocasiones; por ejemplo, una serie de manuales sobre la vivienda publicados por sucesivos gobiernos británicos entre 19l9y 1961, relacionaba modelos deductivos e inductivos de actividades domésticas con disposiciones de muebles predeterminadas, generando de esta manera planos de viviendas para los «usuarios desconocidos» de miles de casas. Este enfoque es más típico que excepcional en lo que respecta a la construcción de viviendas en muchos países durante este siglo.
El segundo enfoque incluye interpretaciones morfológicas de personas y edificios que se derivan del análisis de planos de casas llevado a cabo por Chermayeft- y Alexander (1963) y resumido por March y Steaoman (1971). La pertinencia y las limitaciones de este planteamiento han sido examinadas en otro lugar y no serán repetidas aquí (Lawrence,1982). En síntesis: se vio que un análisis gráfico de varias viviendas puede subrayar las similitudes y las diferencias entre varias casas, pero que no puede ofrecer información sobre el significado y uso de espacios determinados. Los límites hechos por el hombre no se crean solamente en el sentido físico, sino que son también ordenados por parámetros simbólicos y jurídicos de naturaleza transitoria. Por lo tanto, esta clase de análisis sólo informa de las características espaciales de las viviendas cuando éstas fueron inicialmente construidas. A este respecto se interpretan como objetos fijos por medio de una generalización estática que hace caso omiso de su historia, ¿Y si se hicieron cambios o añadiduras posteriores a estas casas? ¿Cómo se clasifican y utilizan las diferentes habitaciones? Tales preguntas tienen que ver con el diseño y el uso de las viviendas; no se pueden contestar mediante un análisis gráfico. En suma, limitar el análisis de la arquitectura doméstica a un estudio de su configuración constituiria un serio engaño, ya que el significado y uso del espacio doméstico no depende únicamente de su forma. Este planteamiento debe extenderse hasta incluir un análisis de las transacciones entre los significados espaciales, socio-culturales y personales de los ambientes domésticos a través del tiempo. En lugar de seguir criticando estas dos interpretaciones de los edificios domésticos, vamos a fijar nuestra atención ahora en las aportaciones a nuestro tema procedentes de otras disciplinas académicas.
 
 
Metodología
 
Algunas pistas hacia la diversificación y la reinterpretación de los interiores de las viviendas han sido publicadas por expertos en diversas disciplinas. Por ejemplo, algunos antropólogos sociales incluyendo Tambiaii (1969) y Hugh-Jones (1979) ofrecen etnografías lucidas que demuestran que, aunque las características espaciales de la arquitectura doméstica en las sociedades no industrializadas pueden ser descritas según la orientación, la posición relativa y la demarcación de los espacios y objetos dentro de las viviendas, tal descripción no puede explicar el significado social del espacio doméstico, a no ser que otras diversas prácticas relacionadas con la producción y el consumo de alimentos, la clasificación de animales, las reglas de parentesco y otras convenciones sociales sean bien comprendidas. De la misma manera, otros historiadores sociales como Evans (1978) y Daunton (1983) analizan cómo los cambios en la morfología, los muebles y la utilización de las viviendas no pueden ser disociados de aquellas variaciones en el significado social del espacio doméstico y de la vida de la casa que producen cambios en la relación del residente con su hogar. Igualmente, algunos sociólogos como bourdiue (1977) hablan de cómo la personalización del espacio doméstico varía en función de factores económicos, socio-culturales y políticos que afectan al estilo de vida de los residentes. Además, psicólogos como csikszentmihalyi y ROCHBERG-H ALTON (1981) y filósofos como Bachelard (1964a) y Heidegger (1971) demuestran que la apropiación de espacio doméstico queda inscrita no meramente en el tiempo socio-cultural, sino también en el «mundo personal» de quien lo ocupa y en su comportamiento.
En suma, aportaciones diversas del tipo aquí citado muestran que (más allá de una descripción detallada de la distribución y los muebles de una habitación) hay reglas y convenciones socio-culturales relacionadas con el diseño, el significado y el uso de las habitaciones. Por otra parte, además de funciones evidentes, tales como la afirmación de categoría social, y además de descripciones explícitas de cómo la estructura y los muebles de las casas pueden cambiar con el paso del tiempo, es importante comprender cómo los interiores de las viviendas están dotados de significados y valores específicos a un determinado contexto de sus habitantes. Y, precisamente por ello, el análisis de tales factores no materiales, que se inmiscuyen en el diseño, el significado y el uso de las casas, debería ser tema de investigación. En contraste con estudios anteriores de autores de diversas disciplinas que examinan ambientes domésticos existentes, este artículo describirá y mostrará cómo una interpretación socio-psicológica de las decisiones tomadas durante el proceso de diseño arquitectónico sobre la distribución y los muebles de las habitaciones puede servir como contexto único no experimental para estudiar el significado y el uso propuesto de los interiores de unas casas desde tres perspectivas complementarias:
 
1.  En términos de las «reacciones» de los habitantes a lo que han calificado positiva o negativamente en sus residencias pasadas o presentes.
2.  En términos de la «interacción» entre diferentes miembros del hogar que no comparten necesariamente las mismas aspiraciones y los mismos valores referentes a las viviendas y actividades domésticas diarias.
3.  En términos de la generación de nuevas ideas y nuevos valores referentes a las viviendas y la vida del hogar, específicamente para alcanzar ciertas metas.
 
De esta manera este artículo tiene el propósito de diversificar la investigación actual de los interiores de las viviendas a través de revelar las relaciones recíprocas entre las características espaciales y afectivas de las casas.
 
 
Definiciones
 
En este artículo un código se define como la estructura de un conjunto general de posibilidades de comunicar y comprender determinadas características de la cultura humana. En este sentido, la arquitectura tiene un significado social y cultural además de pragmático; la arquitectura, pues, codifica reglas y convenciones sociales. Un código binario es una clase de código que incorpora opuestos bipolares, como los valores positivos/negativos asociados con los semáforos verdes y rojos. El ejemplo del semáforo es interesante, porque se añade frecuentemente un tercer color, el amarillo, para indicar cautela. El amarillo está en medio del espectro de colores entre el rojo y el verde. En este caso el espectro de colores y la ordenación del movimiento del tránsito se corresponden. Sin embargo, no hay ningún hecho inherente al mismo espectro de colores que explique por qué el rojo indica «parar» no «adelante». Efectivamente, si los valores asignados a las señales rojas y verdes fueran a la inversa, la ordenación de los dos sistemas no cambiaría.
Este ejemplo de los semáforos muestra que la clasificación y codificación de los objetos hechos por el hombre dependen de la ordenación de límites. Utilizando repetidos ejemplos de este tipo, Leach (1976) aplica los conceptos de límite código para engendrar análisis de la clasificación y ordenación de artefactos. En este artículo estos conceptos serán empleados para explorar el significado y uso de los interiores de las viviendas. La descodificación de los ambientes residenciales exige un análisis de todas las partes componentes, sin olvidar su papel en la totalidad de su contexto o las relaciones recíprocas entre ellas.

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En este planteamiento de códigos binarios Leach emplea un diagrama Euler para demostrar la polaridad y los límites entre artefactos que suelen ser clasificados como opuestos. Por ejemplo, si la figura I quiere representar las señales de tráfico, entonces «A» es rojo y positivo, mientras «no A» es verde y negativo, y la zona ambigua entre ellos es amarillo y de cautela. La distinción entre rojo, amarillo y verde depende de la definición de límites de índole artificial (de lo contrario no nos referiríamos a diversos colores del espectro).
Este ejemplo no pretende insinuar que el simbolismo de los colores sea una constante universal de todas las culturas. Como lo demuestra Leach, el color rojo no es simplemente una señal de peligro, sino que está asociado en muchas culturas con la alegría, y es un color dominante en las fiestas. El concepto importante a captar es que se trata de un conjunto de elementos contrastantes que provocan interpretaciones de diferentes tipos, no el propio color (o colores) en cuestión.
Del mismo modo, el concepto de separar y unir espacios diferentes es fundamental en la arquitectura. Los confines delimitan y definen los espacios: los encierran, estableciendo un grado de accesibilidad y visibilidad entre ellos.
No obstante, dentro de los edificios los límites espaciales no necesitan corresponder simplemente a las demarcaciones físicas de las paredes. Más allá de estos límites, la disposición de los muebles puede influir en cómo la gente circula y utiliza áreas que, de otra manera, serán consideradas como espacio homogéneo. En total, los límites permiten la demarcación explícita o implícita de objetos o actividades; los sitúan en posiciones específicas relativas a áreas más globales, como la fachada, dominio público de la calle. Así, en términos de la figura 1, «A» podría representar el ámbito público de la calle; «no A» podría representar el dominio privado interior de la casa, y un jardín delantero sin valla sería la zona ambigua que, a la vez, separa y une ambos dominios.
Teniendo este ejemplo en cuenta, es instructivo mostrar cómo la connotación socio-psicológica de los imenores de las viviendas puede ser analizada utilizando los conceptos de límite, espacio transicional y código espacial. Estos conceptos no inhiben la aplicación creativa de arquitectos y planificado-res en el diseño de casas, lo que se puede demostrar referido a un proyecto de investigación a largo plazo. El contexto de esta investigación ha sido descrito plenamente en otro lugar (Lawrence, 1982) y no será repetido aquí; lo que fue presentado como un estudio en curso ya ha quedado completo.
 
 
Resultados
 
Las diferentes clases de datos recogidos durante este estudio han aportado información complementaria sobre las características espaciales y afectivas de las viviendas: esta será examinada a continuación con respecto a los temas siguientes:

1.  Transiciones entre dentro y fuera de la casa.
2.  Interrelaciones entre habitaciones.
3.  Significado y uso de objetos domésticos.
 
 
Transiciones entre dentro y fuera de la casa
 
Es interesante examinar cómo la transición entre los espacios públicos exteriores y los espacios privados interiores de las casas ha sido considerada por sus habitantes. Este pasaje se ha analizado en otro lugar (Lawrence, en la prensa) de acuerdo con factores arquitectónicos, pragmáticos y psico-sociales, y no es necesario repetir esta interpretación aquí. Sin embargo, será suficiente un ejemplo para aclarar este enfoque.
Un análisis comparativo del vestíbulo en las casas anteriores, actuales y futuras de los residentes ha revelado el enlace entre lo que se ha experimentado en el pasado y lo que se prefiere. Por ejemplo, una vez que una pareja ha conciliado el conjunto de sus preferencias personales, se pone de acuerdo en el diseño de una zona transicional doble como entrada de su futura vivienda. Esta propuesta de diseño es compatible con cada una de sus biografías residenciales por las razones siguientes. Para el ama de casa, la intimidad de la vida familiar es un parámetro crucial: además, la mujer tiene recuerdos positivos de su niñez que le gusta revivir. Para su marido, quien se acuerda del preciso plano rectangular de la casa de sus padres, la recepción de amigos es importante, aunque también sostiene que es necesario conservar la intimidad de las actividades domésticas cuando hay personas, que no sean invitados, en la puerta principal. Eliminar la posibilidad de que desde fuera se vea el interior del apartamento alquilado por esta pareja resulta imposible, y este hecho fue considerado como un defecto por ambos. En contraste con este defecto, la futura casa con forma rectangular precisa incluirá un vestíbulo añadido al exterior de este plano geométrico. El vestíbulo no está dentro de los confines de las paredes de la vivienda, pero es evidente que no se trata de un espacio externo público: es una zona transicional por excelencia, que permite a esta pareja recibir personas no invitadas sin tener que hacerlas entrar en el dominio privado de la casa. Más allá del umbral que une este espacio transicional con las áreas donde se vive hay también un pasillo y un colgador bien definidos, donde los invitados o miembros de la casa pueden quitarse la ropa exterior, una vez recibidos en el dominio privado de la familia.
Este ejemplo demuestra que la transición entre el exterior y el interior de las casas puede interpretarse simultáneamente como unión y separación entre el espacio público y el privado, el exterior y el interior, el contaminado y el no contaminado en el sentido antropológico de estos términos, comentado por Leach (1976). Esta diferenciación categórica de espacios externos e internos se puede extender para incluir la unión y la separación entre espacios dentro de la vivienda, como zonas para niños o para diferentes tipos de actividades domésticas, de acuerdo con los siguientes códigos binarios:

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Según esta interpretación 
(Lawrence, 1987) el vestíbulo tiene un orden y propósito espaciales que son explícitos y específicos. Su propósito es regular el acceso de gente y objetos entre los dominios privados y públicos: es necesario para controlar la visibilidad entre el exterior y el interior; no es simplemente un espacio para guardar paraguas y abrigos, sino un lugar donde la apariencia personal puede ser controlada; no es simplemente un pasillo entre los espacios exteriores e interiores, sino un espacio donde la gente que no sea invitada (el cartero, el vendedor, etc.) puede ser recibida. El papel del vestíbulo como componente espacial fundamenta] de la transición entre los dominios públicos y privados está representado en la figura 2: todo el espacio exterior compartido que se encuentra más allá de la puerta de entrada de cada vivienda es libremente accesible y visible, mientras que el espacio interior privado no es ni libremente accesible ni visible. Además, mientras que los espacios externos son profanos, la vivienda es simbólica, ya que el vestíbulo no solamente controla el acceso y la visibilidad entre estos dos dominios sino que también, desde la perspectiva antropológica, regula la materia contaminada. En suma, el vestíbulo es un espacio ambiguo, ni público ni privado, ni sagrado ni profano, al cual se atribuye una forma espacial y funciones rituales para impedir que una materia no deseada contamine casa y hogar.
La discusión anterior considera la transición del dominio público y exterior de las áreas residenciales a los espacios privados interiores de la vivienda en términos del modelo socio-cultural subyacente. En este sentido, el diseño de una vivienda es el escenario en el que los habitantes crean su vida doméstica cotidiana y en el que establecen contactos con la comunidad más extensa. El modo como se lleva a cabo no depende solamente de las características espaciales de las viviendas, sino de otros factores que incluyen las metas, los propósitos y la experiencia residencial anterior de la gente. Por lo tanto, el estudio de la organización del espacio doméstico debería ampliarse para incluir un análisis de cómo se comporta la gente según normas y reglas explícitas (es decir, ¿la puerta del cuarto de baño debería estar cerrada con llave cuando está ocupado?) y códigos controles implícitos (es decir, uno no pasa del vestíbulo al salón sin haber sido invitado). La presencia de reglas, tanto implícitas como explícitas, para el uso del espacio está relacionada con factores socio-psicológicos que transforman el ambiente residencial de un «foro espacial» a un escenario afectivo dotado de valores y significado personales. En general, Altman et al. (1981)muestran que ambos tipos de reglas, que pueden estar siempre cambiando durante largos períodos de tiempo, ayudan a definir la cualidad de las zonas de transición.

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Interrelaciones entre habitaciones
 
Después de haber examinado la transición entre el exterior y el interior de la vivienda es preciso
considerar el enlace y la separación entre diferentes habitaciones a las que se suele asignar actividades domésticas específicas. Los planteamientos complementarios de este estudio han revelado importantes resultados por lo que se refiere a la disposición de las habitaciones, que ahora se considerará desde dos puntos de vista complementarios.
 
 
La misión de la graduación de la intimidad
 
Un análisis de los planos de la casa muestra que una graduación de la intimidad estructura la situación de espacios interiores, que van desde los más accesibles y sociales, situados junto al vestíbulo, hasta los más privados, menos accesibles y no visibles, que se encuentran más lejos del vestíbulo. Esta ordenación de las habitaciones se puede estudiar con respecto a la posición relativa del vestíbulo en relación al patio central público y los jardines privados o espacios exteriores situados alrededor de la periferia de esta residencia. Dado que la «puerta principal» y el vestíbulo están siempre directamente accesibles desde el patio público (no las áreas exteriores privadas), es evidente que existe una graduación coherente dentro de cada casa desde las habitaciones más públicas hasta las más privadas. Las posiciones relativas entre la entrada/vestíbulo y las demás habitaciones de cinco casas se ven en la figura .1. Esta figura muestra que, aunque no haya correlación directa entre la distancia nominal que separa las habitaciones de cada casa, hay una estructura oculta que permite que la situación de las habitaciones sea considerada con respecto al nivel deseado de intimidad concebido por los habitantes. En resumen, la habitación de los padres ha sido sistemáticamente pensada como la habitación más privada, en contraste con el lavabo, directamente accesible desde el vestíbulo y específicamente destinado a los invitados...

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Aunque el gradiente de intimidad presentado aquí puede localizar la posición relativa de las habitaciones respecto al dominio público del ambiente residencial, no define explícitamente las relaciones espaciales entre habitaciones si son accesibles sólo desde un pasillo de circulación, o si hay secuencia de espacios o cambios de nivel entre ellos. Definirlo será el propósito de los párrafos siguientes.
 
 
Las relaciones entre los espacios y las actividades domésticas
 
Este artículo muestra que la posición espacial de las actividades domésticas se ajusta al modo según el cual las tareas domésticas suelen ser clasificadas, situadas e interrelacionadas. Fuera de los límites de los espacios destinados a actividades de cocina, comedor y ocio, los habitantes han expresado una clara distinción entre el diseño de habitaciones para uso diurno y uso nocturno. Aunque puede existir un espacio grande (o quizás dos) en el que las actividades de cocina, comedor y ocio estén juntas, sin embargo siempre hay una estricta forma celular con demarcaciones para los espacios de dormir o de aseo: ¡incluso en este estudio es raro que los niños compartan un dormitorio!
Tal divergencia en la ordenación del espacio doméstico no solamente demuestra una fuerte dicotomía entre espacios de uso diurno y de uso nocturno, sino también si dichos espacios están pensados para actividades privadas/personajes o colectivas/domésticas. El siguiente código binario expresa la connotación de espacios interiores:

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Los orígenes de este código espacial no son claros. La ordenación de los interiores de las casas ha sido pocas veces debatida durante el proceso de diseño mediante simulacro. Además, no surge directamente de experiencias residenciales actuales en viviendas de tipo piso, y contradice la disposición y el uso habituales del espacio en hogares anteriores.
Aquí se ofrece una hipótesis para explicar el diseño de los hogares futuros de acuerdo con este modelo. Las familias que participan en el diseño de su nuevo hogar (sobre todo las que actualmente alquilan un piso subvencionado por el gobierno) están intensamente preocupadas por eliminar los fallos de su vivienda actual (y quizás de la anterior). Uno de los defectos más corrientes de los pisos contemporáneos es la falta de aislamiento acústico respecto a las viviendas contiguas. En algunos casos este defecto ha sido el motivo principal para construir el propio hogar. Los pisos actuales de todas las parejas, excepto una, están situados en un edificio grande que alberga muchos pisos de alquiler. Estos pisos tienen una disposición celular de todas las habitaciones. En cuanto las parejas cambian su categoría social de inquilinos en la de propietarios, sus propósitos incluyen mudarse de un ambiente «ruidoso, desagradable y mal cuidado» a una vivienda de mejor calidad. Una manera de hacerlo es vivir en un complejo residencial de densidad muy inferior. Otra manera es eliminar la disposición celular de las habitaciones, y/o su distribución en un único nivel, características habituales de bloques de pisos (pero no de casas) en Suiza.
Esta interpretación, junto con el examen previo del gradiente de intimidad y de cómo los papeles y las rutinas domésticas están encarnados en la organización del espacio doméstico, muestra que no existe una relación determinista entre la forma espacial, el área de las habitaciones y la situación de actividades domésticas, Coincidentemente, en un nivel psicológico, una casa que a la vez libera a los residentes de los defectos de viviendas anteriores y sintetiza los aspectos positivos de ellas y de otros hogares, se convierte en vehículo importante para la expresión de un significado socio-psicológico. La inversión psicológica en el diseño de una casa es un criterio importante para la planificación de ambientes residenciales y un medio de diálogo personal. Esencialmente, esta investigación muestra que la materialización del diseño de una vivienda encarna un proyecto o fin psicológico que puede ser ya estrictamente personal, ya compartido con otros miembros del hogar. Así, los espacios y objetos adquieren connotaciones simbólicas como resultado de los significados polivalentes atribuidos a ellos por diferentes personas en el mismo hogar y al mismo tiempo. Es importante considerar la relación entre un individuo y su casa no sólo en términos de valores y preferencias personales, sino también como la expresión de acuerdos (quizás de conflictos) negociados, porque las casas son, sin excepción, dominios compartidos que representan decisiones de consenso, sobre todo en las habitaciones que no están reservadas para uso personal. Resumiendo, este estudio muestra que si se emplean códigos binarios relacionados con clasificaciones nocturnas y diurnas para hablar de la definición espacial de las habitaciones, hay importantes divergencias entre los diseños de habitaciones destinadas a la preparación de comida y a las actividades de comedor que reflejan diferentes valores y prácticas; éstas dependen de si el ama de casa es la única responsable de las tareas de la cocina o si está ayudada por otros miembros del hogar (Lawrence, 1982).
 
 
Significado y uso de objetos domésticos
 
Más allá del análisis de la organización del espacio doméstico propuesto aquí, la situación y el uso de los objetos domésticos y los significados con que son dotados, deben ser también tomados en cuenta al analizar los interiores de las casas en términos de una perspectivasocio-psicológica.
Durante el proceso de diseño mediante simulacro y las entrevistas con los residentes, se ha notado que la posición de los objetos domésticos puede tener relación directa con la manera de amueblar el piso actual o la residencia previa de los ocupantes. En algunos casos, esta relación sugiere una asociación constante entre determinados muebles y la disposición de ciertas habitaciones. Por ejemplo, la posición de un escritorio en un dormitorio de huéspedes en la maqueta de una casa tiene una correspondencia directa con su posición en el cuarto de los invitados del piso actual de los usuarios. En otros casos, sin embargo, la correspondencia entre la disposición de los muebles no es directa: en la mayoría de las casas simuladas los residentes diseñaron la cocina ajustando la posición y la dimensión de aparatos, superficies de trabajo y armarios ya presentes en la cocina de su actual residencia. En ambos casos, unos muebles determinados se emplearon como elementos de referencia para regular el diseño simulado de la futura casa. En este sentido se atribuyó una función pragmática a los objetos domésticos respecto a la evaluación de la forma y tamaño de habitaciones y de la posición de ventanas y puertas.
Además de este valor pragmático, este estudio ha demostrado que los objetos domésticos están dotados de un significado simbólico. Los ejemplos de una escalera y la frecuente inclusión de reliquias de familia en las casas simuladas han sido examinados en otro lugar y no vamos a repetirlos aquí (Lawrence, 1982), Esta clase de objeto provoca en los habitantes experiencias residenciales pasadas: en este sentido, poseen asociaciones y significados personales únicos que sólo se pueden apreciar al comprender la biografía residencial de los ocupantes. Sin embargo, a diferencia de csikszentmihalyi y Rochberg-Halton (1981), quienes dejaron de considerar la connotación social de los objetos domésticos, este estudio muestra la interacción entre valores y significados personales y sociales. La chimenea es sólo un ejemplo. El hogar es el símbolo arquetípico por excelencia del dominio doméstico, que ha ido adquiriendo una connotación social en diversas culturas desde la Antigüedad que todavía existe en sociedades contemporáneas (Bachelard, 1964b). La provisión de chimeneas conjuntamente con la calefacción central en todas las casas lo demuestra bien, pero también hay evidencia de que la inclusión de una chimenea refleja su valor como símbolo de categoría. El hecho de que los pisos destinados a las personas de renta baja o mediana pocas veces o nunca incluyan una chimenea, indica que esta actúa como índice del valor social de una vivienda y de la categoría social de sus ocupantes. Tales índices pueden ser analizados de acuerdo con el principio siguiente: los objetos domésticos (y las actividades asociadas con ellos) están dotados de significados que demuestran su connotación y su uso en la gama total de efectos y actividades domésticas. En suma, esta investigación indica que hay tres clases de objetos domésticos, que pueden ser clasificados de la manera siguiente:
 
1.   Índices de construcción fijos, como puertas, ventanas, tejados o elementos estructurales que sirven como puntos de referencia para la evaluación del tamaño de la forma de las habitaciones en términos de requisitos pragmáticos, como la manera de amueblar las habitaciones.
2.   Índices domésticos que son móviles, como un mueble, probablemente reliquias de familia u objetos que tienen un significado especial (al menos para un miembro del hogar) y que reciben mención a través del proceso de diseño mediante simulacro.
3.   índices socio-culturales, como la chimenea, que son incorporados en el diseño de las casas principalmente por su valor simbólico y no por motivos de razonamiento práctico.
 
En cada uno de estos casos, se pueden distinguir índices de objetos mundanos que no tienen ningún significado simbólico para los miembros del hogar. Esencialmente el código binario simbólico: profano está relacionado con la comprensión del significado y uso de objetos dentro de una casa.
 
 
Conclusión
 
El estudio de la transición entre el interior y el exterior del hogar, las relaciones entre los espacios y las actividades, y la situación y el uso de objetos domésticos, que ha sido descrito aquí, demuestra que un análisis socio-psicológico de los interiores de las casas debería explicar las características tanto físico-espaciales como afectivo-simbólicas del espacio, los objetos y las actividades domésticas. Desafortunadamente, sin embargo, es habitual que los estudios de planificación de las casas hagan caso omiso del significado afectivo de las relaciones espaciales, de la forma y la posición de las habitaciones. De la misma manera, los estudios del significado psicológico o sociológico de la disposición de los muebles han separado frecuentemente la decoración interior de la estructura morfológica y el contexto geográfico de la casa. Esta dicotomía conceptual entre las características espaciales y afectivas de las viviendas ha inhibido el desarrollo de una comprensión ontològica de los ambientes domésticos.
En suma, este artículo pide y propone una redefinición y una diversificación de la investigación actual sobre los interiores de las casas. Ha expuesto y aclarado ciertos principios teóricos y metodológicos para el análisis de ambientes domésticos. En su totalidad, la discusión anterior enseña que los ambientes hogareños son como un tejido sin costuras de consideraciones afectivas y espaciales que forman un conjunto interactivo. Por esta razón fundamental no se pueden utilizar «modelos» predeterminados de la disposición de muebles y pautas de actividades (adoptados con frecuencia en la práctica moderna de la construcción de viviendas) como recursos de diseño, porque representan mal la naturaleza intrínseca de la vida doméstica. El conocimiento la información sobre el diseño, significado y uso de las casas solamente se puede derivar de un modo relativo (y no absoluto) de la vida doméstica. Tal modelo permite que el análisis de los interiores de las casas y la vida doméstica sea considerado desde tres puntos de vista complementarios:
 
1.   En términos de la reacción del residente con respecto a lo que ha sido calificado o positiva o negativamente en sus residencias anteriores o actuales.
2.   En términos de la interacción entre diferentes miembros del hogar, quienes no comparten necesariamente tas mismas aspiraciones y los mismos valores acerca del diseño de una nueva casa.
3.   En términos de la generación de nuevas ideas y nuevos valores acerca de las casas y de la vida del hogar, específicamente para conseguir ciertas metas.
 
Desde cada una de estas perspectivas, un análisis ontológico de los interiores de las casas puede enriquecer el entendimiento actual de la naturaleza del espacio doméstico y de la vida del hogar.

Wednesday, February 18, 2015

Anthropology and Architecture. Appropiation of the living space.

Anthropology and Architecture. Appropriation of living space


Socio-cultural anthropology is the whole science of man in society and is, therefore, recognised for its emphasis on a holistic analysis with an aim to achieving an overall and synthesised view of society and culture. It takes in society as a whole in which each element is explained through its reciprocal relationship to all others. For this reason Anthropology is necessarily multidisciplinary. The anthropological discipline is, moreover, characterised by its own methodology of investigation for reaching an understanding ot the object studied, by means of observation and participation: field work.
With this tendency towards multidisciplinarity, furthermore. Spatial Anthropology uses the theoretic corpus and methodology which belong to Socio-cultural Anthropology, applying them to the study of inhabited spaces in all their manifestations, types, and scales: corporal space, object space, architectural space, urban space, and landscape space. With the same will to achieve a wide knowledge of society and culture. Spatial Anthropology analyses space as a means by which to arrive: space is considered as the result and the projection of an ensemble of factors: social, cultural, economic, material, perceptive, cognitive, conductive, symbolic, ideologic, etc.
The anthropological point of view is different from that of architecture, as in the latter case the main objective would be project-making and spatial creation, thus contributing to cultural creation in general. The difference between the object of this ambit and the discipline of anthropology is thus to be found in establishing an order of priorities between space and culture.
Space and, specifically, architectural space, is thus a cultural fact which we cannot consider from only one viewpoint, as several different realities or interpretations take part in it: architecture and the discipline of anthropology  which respectively  represent the creative and the analytical aspect of space. But there is yet another point of view needed to complete the approach to the architectural object: society, that is to say, what represents the practical aspect of space. In each of these three realities, then, space takes on different names and meanings. In the ambit of society, the practical aspect, spaces take on the sense given it by the activities developed there: space becomes place. From another perspective, architecture, the creative aspect, is that which creates and gives shape to these places by means of the project: space becomes architecture. This place, for anthropology, has been an object of study which it has approached from an analytic point of view, with the aim of searching for the sense it actually has for society. But, for the anthropologist, the space of society studied also is a a part of himself and confers its own sense: this is the anthropological aspect.1

Inhabiting and habitus

The appropriation of a space by an inhabitant is part of a process which makes society turn spaces into places. Nicole Haumont says, 'inhabiting is being lodged and appropriating space according to certain cultural models', as it is from cultural models that social practice and representation are generated.2 To explain these cultural models, Pierre Bourdieu uses the concept of habitus.
Conditioners associated to a specific kind of conditions of existence produce habitus, systems of lasting and transferable disposition, structured structures predisposed to work as structuring structures, that is to say, as generating and organising principles for practices and representations which can be objectively adapted to their ends without supposing a conscious search for ends and the express domain of necessary operations needed to achieve them, objectively 'regulated' and 'regular' without being the product of obedience to rules and, at the same time as all this, collectively orchestrated without being the product of organised action by an orchestra conductor.3
Social practice and representation, including spatial practice and representation, according to Bourdieu would be generated and organised by structures of a collective nature called habitus. These structures, however, in no case have a deterministic effect, but rather act as delimiting instruments for practice and representation, both at individual and collective levels. In fact, we are halfway between determinism and freedom: we could be in the ambit of a controlled freedom, a 'conditioned' and conditional freedom, of a set of 'regulated' and regulating improvisations.4 The habitus thus becomes an infinite capacity for generating social practice and form, architectural practice and form, halfway between conditioners which make up a specific historical-social-cultural context and creativity.
The habitus, therefore, is not something static, but rather acquires its whole sense in the notion of change and process of transformation. The different spheres of social life are reactivated and brought up to date by means of a constant process of reviewing, selecting, and transforming existing elements and, at the same time, by means of a process of incorporating new elements. The balance between permanence and change, between imitation and invention, between heritage and novelty, helps the different spheres to keep their validity and their sense and not obstruct the process of appropriation and re-appropriation of reality. The habitus takes on the double role of leader and motivator of change in history itself.
A product of history, the habitus produces individual and collective practices and thus produces history according to the principles (schèmes) engendered by history; it assures the active presence of past experiences which, deposited in each organism in the shape of principles of perception, thought, and action, tend, with more surety than all explicit formal rules and regulations, to guarantee conformity to practices and their constancy in time. A past which survives nowadays and which tends to perpetuate itself in the future by bringing up to date practices structured according to its principles [...] the system of dispositions is at the beginning of continuity and regularity.
The process of appropriation of architectural space thus makes sense in this balance between permanence and change, imitation and creation, heritage and novelty. The nature and dynamics of habitation is intimately linked to the dynamics of the habitus, as it is one of itsmanifestations. The habitus is the model which generates, perpetuates and dynamises architectural practices and representations. And both the architect and the inhabitant are immersed in their own cultural models.


Practices of space

In the field of Spatial Architecture, one interest has been directed towards analysing the capacity of engendering practices of appropriation of habitation space by the inhabitants themselves, that is to say, the scope of actions by means of which the inhabitant adapts to a space. This is what Henry Raymond calls the inhabitant's practical competence.6 Thus, appropriation becomes a process of mutual adapting between the architectural space and the inhabitant: on the one hand, the space designed by the architect somehow influences the inhabitant, conditions his practice; on the other hand, so as to adapt to this space, the inhabitant tries to overcome imposed conditioners, transforming them formally and conductively. The architectural space, therefore, will be not only the result of the architect's or designer's creative process, but also, and at the same time, at the moment of being inhabited will be the result of a process of creation and re-creation carried out by the inhabitant, a process of adapting and re-adapting between space and society according to some cultural models or some habitus. We would be faced by a dynamics in which space is constantly created and re-created, a dynamics which itself defines the phenomenon of inhabiting.
The reflection on man's existence is what led Martin Heidegger to the idea of inhabiting, through Holderlin's words: 'man inhabits poetically'. The relationship between creating and inhabiting is established again.
'Poetising is what, before anything else, allows the fact of inhabiting to be an inhabiting. Poetising is, properly, allowing to inhabit. However, by what means do we come to have a habitation? By means of building. Poetising, like allowing to inhabit, is constructing'.7
The sense of this 'building' and this 'constructing' includes both creation in the ambit of knowledge and creation in the ambit of knowledge and creation in the material sense, and also refers to both the architect's creation and that of the inhabitant,
'Poetising, insofar as the measuring itself of the dimension of the act of inhabiting, is the inaugural construction. Poetising is the first which allows the entrance of the act of inhabiting by man in his essence.
Poetising is the originary allowing to inhabit'.8
This poetical conception of the act of inhabiting has been picked up by many students of space, both from within and without anthropological discipline. Michel de Certeau speaks of 'everyday artists' and the 'creative abilities of inhabitant-artists' as the result of a practice of handling, personalising, re-using, and poetising the inhabited space, and thus claims author's rights for these inhabitants.'
This process of appropriation of inhabited space by the inhabitant, according to Amos Rapoport, is earned out by means of a process of design:10 taking decisions, preference and selection are some of the mechanisms he considers most important. The inhabitant sets in practice a series of systematic selections among the different alternatives possible from specific cultural models. This selection on the one hand responds to preferences of a personal and individual nature and, on the other hand, also responds to preferences of a collective nature which depend on aspects such as place in the life-cycle, age-group, family make up, socio-economic group, cultural training, religion, ideology, etc. To adapt this set of preferences or needs, the inhabitant sets into practice a creative strategy: selecting, altering, personalising or designing the architectural space he inhabits. That is to say, what he is doing, in reality, is designing or creating a lite-style and an architectural style at the same time. Rapoport thus considers design as a selection among alternatives: what he calls the choice model of design or design as choice.11
The same idea can also be found in many architects, such as Robert Venturi who speaks of what he calls conventional elements13, that is to say, all those anonymous products, ordinary in manufacture, form, and use, linked or associated to architecture and construction. Society is the real creator of these products or this series of elements because they satisfy its needs and help adapt to the environment. According to Venturi, not even architects have the power to eliminate them, substitute them, or avoid them, as they are a creation with a collective scope, and change can only come about in parallel to social change. Change, therefore, needs to take its time, and can never result from just a few individuals. Architects take advantage of conventional elements existing in a specific socio-cultural context, but Venturi also believes they should create new ones, with new significance, and thus introduce their own creative elements. From this point of view, we can see how the roles of architect or inhabitant are not very different, as both intervene in a process of selecting and creating spatial and architectural reality.13
The anthropological methodology called field work is based on a direct knowledge of the object of study. The anthropologist tries to achieve an Emik view, that is to say, a view from within of the culture being studied: as observers, they try to put themselves in the placeof the observed.14 The investigation method used to achieve this is participative observation. When we analyse the ambit of architecture, as in the case of Spatial Anthropology, space itself is made an object of study and defines our research. There is thus a coincidence between the limits of the object of study (architectural space) and the limits of the anthropological field (investigative space), that is to say, between space and anthropology.
What would define the guide-lines of the investigation would thus be the habitation space itself. Different aspects to be taken into account in the appropriation of space can be the establishing ot several dualities (interior/exterior, front/back, public/private, masculine/feminine, adult/child, pure/impure,day/night, leisure/work,old/new,etc.), fitness for family composition and structure, fitness for an ensemble of models (functional, comfort, lifestyle, quality of life, social, cultural, symbolic, aesthetic, etc.) or adapting according to the degree of provisionality or definitiveness of settlement. It is important to observe the mutual adaptation dynamics between the habitation space and its inhabitants. On the one hand, to observe in what aspects and to what point if is the inhabitants who have to adapt their practices, habits and concepts to adapt to the architectural space. On the other hand, and from the opposite point of view, it is also important to observe what are, and to what degree, the transformations at a formal level introduced by the inhabitants in this space to make it adequate to their practices, habits or models.
It is interesting to observe the appropriation of habitation from the point of view of spatial delimitation. Delimitation of space answers to man's need to understand his environment, of projecting diverse social aspects and their significance, onto the space. These limits become the instruments and the strategies to manifest, remember, maintain, reinforce or even vindicate aspects which quite often respond to the above-mentioned dualities. Architecture, furniture, objects, decoration, as well as behaviour, rituals, language, cultural significants or social rules together make up several means of delimiting habitation space. Often, the lack of adaptation between the inhabitant and his habitation marks a disadjustment between the diversity of social aspects and spatial diversity. While different aspects of social life become diversified and more and more complex, architectural space becomes simpler. Architecture has opted mainly for multi-functional spaces, for reducing the number of spaces to favour more surface for some of them. The inhabitant is thus forced to intervene in this space to introduce delimitations needed for a natural development of his life-style: these adaptive strategics can help us understand the inhabitant's practical competence.
In the methodology of anthropology, the Emic point of view is complemented by the Etic point of view, that is to say, analysis from outside, in which there is a distancing from the object of study from the theoretic corpus and knowledge of anthropological discipline which allow us to reach conclusions of a general nature. One of the interests of Spatial Anthropology is, beginning from material taken in the investigation, the detection and analysis of adjustments and disadjustments between architecture and society, and, more specifically, between the habitation and the inhabitant. This is not only a purely analytical interest, but rather that in tin end what we are trying to achieve is that research results attain a practical application; that they be taken into account in the design process or in architectural project-making. The architect or designer does not only make a project for spatial forms, but also, and at the same time, carries out a social project.

Discourse on Space

The appropriation of space by the inhabitant, however, does not mean only practical competence, but there 
is also what Henry Raymond calls linguistic competence, that is to say the inhabitant's capacity forelaboraring a discourse on his own habitat. The inhabitant applies his analytic capacity to adapt, or to legitimate, the space in which he lives, the space he feels is his own. His experience as a member of a specific socio-cultural context, as an individual, as well as his spatial and architectural experience in conductive, cognitive, or aesthetic terms, leads him to manifest them by means of his practice and words. The importance of this does not lie in the literality of the inhabitant's discourse, but rather in discovering what is between the lines, coming to a discovery of what conditioners have intervened in making up this discourse. Currently, for example, the social impact of communications media and advertising is very important. It is not the individual discourse which takes the lead, but rather we try to see to what social discourse it responds; we try to separate what is anecdotic from what is transcendent. When someone tells us that they would like the facade of their house to be a bluish colour, it is not important to discover 'why blue?', but rather to ponder the cultural meaning of the facade's aesthetics. It has more to do with the discourse on the fact of inhabiting than on the inhabitant's discourse. This is what Raymond also calls 'words on habitat' or 'social word'.15
In some way practical competence and linguistic competence complement and reinforce one another, conferring a unitary sense to a past, present, and future appropriation. The discourse on current appropriation of habitation space for a family unit must not be considered isolatedly in time, as it can also answer to a discourse on a former model of habitation (real or idealised), as well as a discourse on a future model of habitation (real or idealised).
In studies carried out by Spatial Anthropology on the appropriation of architectural space, a very important aspect is the analysis of this discourse of the inhabitant. As we have mentioned before, the anthropological methodology of field work is based on direct knowledge of the object of study, a knowledge we achieve by means of an Emic point of view in which the anthropologist tries to place himself within the object's point of view. The interview is the method which complements participative observation in any investigation.
When the discourse of the person interviewed of the informer, that is to say, the object of study, ought to play the leading role, the interview must avoid as much as possible conditioning this discourse. It must be an interview of an open and flexible nature, with a dynamics similar to what an informal conversation could have. The anthropologist carries this out by means of a non-directive interview. When what is studied is architectural space, the interview is favoured by this, as the scene itself in which it is carried our gives the lead and the guide-lines of the discourse. The inhabitant's discourse on his own inhabiting is produced by the physical presence itself of the inhabited space he is referring to. There is a necessary tie between linguistic competence and practical competence which manifests the existing links between them, and this brings about a complete view of the object of study.
The anthropological analysis is thus not based on a monologue discourse by the investigator, but rather on a relationship established between the anthropologist and the informer produced by means of the dialogue. Every dialogue implies the participation of more than one speaker, which means that the information obtained will always be conditioned by this fact. But this does not necessarily mean an inconvenience; quite the contrary. We must not forget that any analysis is basically a result of interpretation, and that objective knowledge is a utopic mile-stone impossible to achieve. What is really important is that this dialogue exist for a better understanding of the process of appropriation of architectural space, for a better understanding of adaptative practices by a society which lives in habitations whose projects have been carried our by architects and designers. The dialogue between different speakers can come about thanks to a will to an opening, but also thanks to the fact that they are not really so different. Although the inhabitant develops the practical aspect of space, the architect the creative aspect, and the anthropologist the analytic aspect, in absolute terms this is not quite true. Each of them develops the three aspects at the same time, even though we concede a difference in importance and proportion to each. Dialogue offers a possibility to these three realities for transcending the borders which limit their own world, of creating a new reality, of establishing a communication context, a liminal world mutually constructed, a world astride all three which is not, however, the sum of all three, a shared system of symbols, a transcultural, hybrid object.16
The anthropologist's task becomes, basically, a work of translation: an intent to immerse himself in the reality or the object ot study by means of participative observation and dialogue, to understand ir, interpret it and, finally, translate it, with the aim of making it understandable for other sectors of society.17 The anthropologist becomes a kind of messenger or mediator between the inhabitant and the architect, between two characters who share the same spatial reality, but from two different points of view.
The ethnographer is a little like Hermes: a messenger who, by means of methodologies for uncovering the mask, what is latent, obtains his message by caution. Thus, he presents languages, cultures, and societies, with all their opacity, their foreigness, their meanings; also like a magician, a hermeneutic, like a Hermes himself, he clarities the opaque, turns the strange into familiar, gives meaning to what has none. He decodes the message. He interprets.18
Quite definitely, there is an opening of the possibility of establishing a three-banded dialogue between Architecture, Anthropology, and Society; the possibility of jointly investigating inhabited space, and the possibility of beginning the way towards the creation of a new, shared reality.



1. As to interdisciplinary relationships which include Architecture, Anthropology and Society, see Sala (1997).
2. Haumont (l986), p. 190. Nicole Haumont uses the concept of ‘cultural model’ in the same sense as Henry Raymond (Raymond, 1984).
3. Bordieu (1991), p. 92.
4. Ídem, p. 96-99.
5. Ídem, p. 95.
6. Raymond (1984), p. 179-180.
7. Heidegger  (1994), p. 165.
8. Ídem, p.1676.
9. Certeau (1990), p. 200-201. For a wider explanation of the practice of the fact of inhabiting, see Certeau; Giard;Mayol (1994).
10. Rapoport (1985).
11. The concepts used by Amos Rapoport are «Choice model of design» and «design-as-choice». Rapoport (1985) p. 259.
12. Venturi (1995), p.66-67.
13.  Ídemp 68
14. As to methodological differences between anthropology and architecture from the concepts of Emic and Epic, seeSala, I 995.
15. Raymond (1984), p. 170-179.
16. The experience of anthropological field-work offers the possibility of widening participation in the dialogue between

Tuesday, February 10, 2015

LA CASA EN EL ARTE


"Vehículo para indigente". Kristof Wodizcko


"Homeless Vehicle". Kristof Wodizcko




"Parasite". Michael Rakowitz



"La casa del futuro". David Hammons.




"Auto-construcción". Abraham Cruz-Villegas.


"Conceptual Grand-dad". Laure Prouvost



"Private in Public". Nils Norman. 

Thursday, February 5, 2015

Arte + Casa

Poemas sobre la casa. Diversos autores

Mi casa, mi gente, mi tierra

Todo comienza en un jardín, lo recuerdo, me recuerdo. Un jardín con niño, a tientas, me adentro. Pasillos, puertas que dan a un cuarto de hotel, a una interjección, a un páramo urbano. Y entre el bostezo y el abandono, tú, intacto, verdor sitiado por tanta muerte, jardín revisto esta noche. Sueños insensatos y lúcidos, geometría y delirio entre altas bardas de adobe. La glorieta de los pinos, ocho testigos de mi infancia, siempre de pie, sin cambiar nunca de postura, de traje, de silencio. El montón de pedruscos de aquel pabellón que no dejó terminar la guerra civil, lugar amado por la melancolía y las lagartijas. Los yerbales, con sus secretos, su molicie de verde caliente, sus bichos agazapados y terribles. La higuera y sus consejas. Los adversarios: el floripondio y sus lámparas blancas frente al granado, candelabro de joyas rojas ardiendo en pleno día. El membrillo y sus varas flexibles con las que arrancaba ayes al aire matinal. La lujosa mancha de vino de la buganvilia sobre el muro inmaculado, blanquísimo. El sitio sagrado, el lugar infame, el rincón del monólogo: la orfandad de una tarde, los himnos de una mañana, los silencios, aquel día de gloria entrevista, compartida.
Arriba, en la espesura de las ramas, entre los claros del cielo y las encrucijadas de los verdes, la tarde se bate con espadas transparentes. Piso la tierra recién llovida, los olores ásperos, las yerbas vivas. El silencio se yergue y me interroga. Pero yo avanzo y me planto en el centro de mi memoria. Aspiro largamente el aire cargado de porvenir. Vienen oleadas de futuro, rumor de conquistas, descubrimientos y esos vacíos súbitos con que prepara lo desconocido sus irrupciones. Silbo entre dientes y mi silbido, en la limpidez admirable de la hora, es un látigo alegre que despierta alas y echa a volar profecías. Y yo las veo partir hacia allá, al otro lado, a donde un hombre encorvado escribe trabajosamente, en camisa, entre pausas furiosas, estos cuantos adioses al borde del precipicio.





Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. 
Al primer muerto nunca lo olvidamos, 
aunque muera de rayo, tan aprisa 
que no alcance la cama ni los óleos. 
Oigo el bastón que duda en un peldaño, 
el cuerpo que se afianza en un suspiro, 
la puerta que se abre, el muerto que entra. 
De una puerta a morir hay poco espacio 
y apenas queda tiempo de sentarse, 
alzar la cara, ver la hora 
y enterarse: las ocho y cuarto. 

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. 
La que murió noche tras noche 
y era una larga despedida, 
un tren que nunca parte, su agonía. 
Codicia de la boca 
al hilo de un suspiro suspendida, 
ojos que no se cierran y hacen señas 
y vagan de la lámpara a mis ojos, 
fija mirada que se abraza a otra, 
ajena, que se asfixia en el abrazo 
y al fin se escapa y ve desde la orilla 
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma 
y no encuentra unos ojos a que asirse... 
¿Y me invitó a morir esa mirada? 
Quizá morimos sólo porque nadie 
quiere morirse con nosotros, nadie 
quiere mirarnos a los ojos. 

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. 
Al que se fue por unas horas 
y nadie sabe en qué silencio entró. 
De sobremesa, cada noche, 
la pausa sin color que da al vacío 
o la frase sin fin que cuelga a medias 
del hilo de la araña del silencio 
abren un corredor para el que vuelve: 
suenan sus pasos, sube, se detiene... 
Y alguien entre nosotros se levanta 
y cierra bien la puerta. 
Pero él, allá del otro lado, insiste. 
Acecha en cada hueco, en los repliegues, 
vaga entre los bostezos, las afueras. 
Aunque cerremos puertas, él insiste. 

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. 
Rostros perdidos en mi frente, rostros 
sin ojos, ojos fijos, vaciados, 
¿busco en ellos acaso mi secreto, 
el dios de sangre que mi sangre mueve, 
el dios de yelo, el dios que me devora? 
Su silencio es espejo de mi vida, 
en mi vida su muerte se prolonga: 
soy el error final de sus errores. 

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. 
El pensamiento disipado, el acto 
disipado, los nombres esparcidos 
(lagunas, zonas nulas, hoyos 
que escarba terca la memoria), 
la dispersión de los encuentros, 
el yo, su guiño abstracto, compartido 
siempre por otro (el mismo) yo, las iras, 
el deseo y sus máscaras, la víbora 
enterrada, las lentas erosiones, 
la espera, el miedo, el acto 
y su reverso: en mí se obstinan, 
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo, 
beber el agua que les fue negada. 
Pero no hay agua ya, todo está seco, 
no sabe el pan, la fruta amarga, 
amor domesticado, masticado, 
en jaulas de barrotes invisibles 
mono onanista y perra amaestrada, 
lo que devoras te devora, 
tu víctima también es tu verdugo. 
Montón de días muertos, arrugados 
periódicos, y noches descorchadas 
y amaneceres, corbata, nudo corredizo: 
"saluda al sol, araña, no seas rencorosa..." 

Es un desierto circular el mundo, 
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

Lee todo en: Elegía interrumpida - Poemas de Octavio Paz http://www.poemas-del-alma.com/elegia-interrumpida.htm#ixzz3QwWVmeQJ




No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.


Lee todo en: Ésta es mi casa - Poemas de Mario Benedetti http://www.poemas-del-alma.com/mario-benedetti-esta-es-mi-casa.htm#ixzz3QwW1fVV4








La mesa, hijo, está tendida 
en blancura quieta de nata, 
y en cuatro muros azulea, 
dando relumbres, la cerámica. 
Ésta es la sal, éste el aceite 
y al centro el Pan que casi habla. 
Oro más lindo que oro del Pan 
no está ni en fruta ni en retama, 
y da su olor de espiga y horno 
una dicha que nunca sacia. 
Lo partimos, hijito, juntos, 
con dedos duros y palma blanda, 
y tú lo miras asombrado 
de tierra negra que da flor blanca. 

Baja la mano de comer, 
que tu madre también la baja. 
Los trigos, hijo, son del aire, 
y son del sol y de la azada; 
pero este Pan «cara de Dios»(*) 
no llega a mesas de las casas. 
Y si otros niños no lo tienen, 
mejor, mi hijo, no lo tocaras, 
y no tomarlo mejor sería 
con mano y mano avergonzadas. 

Hijo, el Hambre, cara de mueca, 
en remolino gira las parvas, 
y se buscan y no se encuentran 
el Pan y el hambre corcovada. 
Para que lo halle, si ahora entra, 
el Pan dejemos hasta mañana; 
el fuego ardiendo marque la puerta, 
que el indio quechua nunca cerraba, 
¡y miremos comer al Hambre, 
para dormir con cuerpo y alma!

Lee todo en: La casa - Poemas de Gabriela Mistral http://www.poemas-del-alma.com/la-casa.htm#ixzz3QwVtFosD